Errores en la cabecera
Singing Banzo - Jue, 08/01/2009 - 08:42.Cada tanto tengo que entrar al administrador de mySQL y poner
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>:(
Ahora resulta que son 100.000 los afectados en el país. Y este sí será el número?
Los uruguayos están preocupados porque saltamos el charco para comprar la droga antiextraterrestre, y los vamos a dejar a ellos sin las que necesitan. Mis compañeros de trabajo también están tratando de conseguir, tienen miedo de que si se enferman no la consigan a tiempo porque no va a haber suficiente. Y como todos piensan igual puede ser una profecía autocumplida.
En el trabajo pusieron gel antiextraterrestre en los pasillos. Olor limón.
Cómo suspirar correctamente:
Esto es terrible! Los invasores llegaron a la Argentina y están atacando con todo. Ya hay 44 muertos confirmados oficialmente, pero sabemos que son muchos más y no quieren reconocerlo.
La invasión comenzó en México y Estados Unidos, así que mucho no nos importaba. Hasta nos dibujaba una sonrisa socarrona, “que se jodan”. Ahora tenemos miedo, por nuestros hijos, nuestras embarazadas, nuestros viejos, y finalmente por todos, porque los alienígenas ya están atacando hasta a los más fuertes.
Creo que buscan convertirnos en sus huéspedes, ocupando nuestros cuerpos para propagarse. Para esto los extraterrestres se meten en nuestro cuerpo a través de la boca, la nariz, y los ojos. A las 48 horas se siente como un enamoramiento, el calor en el cuerpo de una pasión desmedida y se empieza a suspirar constantemente. Los que no son tratados a tiempo y no resisten la infiltración mueren en la agonía de un ahogado en un mar invisible. Pero mientras estuvieron suspirando entre los demás, fueron desparramando la invasión, y así el número de afectados viene creciendo en forma geométrica.
Las armas del contraataque son limitadas. Un gel antiextraterrestre los elimina de las manos, pero hay que usarlo constantemente y ya no se consigue en las farmacias. Los barbijos previenen que nos afecten los suspiros ajenos, pero duran sólo unas horas y luego se vuelven cómplices de los invasores. La última barrera de defensa, para el ya invadido, es una droga antiextraterrestre. Sin embargo, si todos toman esta droga, el extraterrestre mutará y se hará inmune, algo que ya sucedió en un caso en Dinamarca, y que se espera que suceda en todo el mundo, tarde o temprano.
A esta lucha desigual se suma la irresponsabilidad de nuestro gobierno, que desoyó a la Ministra de Asuntos Extraterrestres que aconsejaba la postergación de las elecciones para prevenir más contagios. Las elecciones (de asistencia obligatoria) se realizaron, los casos se multiplicaron, y la Ministra renunció. Luego de dos días de ministerio acéfalo, el nuevo Ministro responde con evasivas y no sabemos dónde estamos. Sólo dispuso el cierre de los colegios, pero los dirigentes de algunas ciudades y municipios no le tienen confianza, no creen que sea suficiente y por su cuenta cerraron comercios, teatros, cines, cybers, y cualquier otro lugar de encuentro para evitar contagios.
Nuestras costumbres están cambiando. Ya no se comparte el mate. Ya hay algunos que no saludan con un beso; yo todavía lo hago, pero no es un beso, sino una unión de mejillas con un “chuick” en el aire. Los que viajan en transporte público son mirados de soslayo. El enemigo está entre nosotros.
Hoy fui a un shopping y noté los efectos de la invasión. El lugar estaba casi vacío, aunque había gel antiextraterrestre gratis en los pasillos. Cuando fui a pagar el estacionamiento el cajero había tapado con un plástico la abertura destinada a la comunicación, a la altura de la cara. Claro, para que no le suspiren encima.Vuelo barato a París, sin problemas. En el aeropuerto me entero que no tienen lockers, por seguridad, pero sí hay un servicio de guarda de equipajes para el que hay que mostrar ticket de vuelo y pasaporte, y aunque costaba carito, lo utilicé.
Estuve 10 horas recorriendo lugares que me habían quedado pendientes: un mercado de pulgas, el centro Pompidour, y el jardín de las Tullerías. Tenía tiempo para un café pero decidí hacerlo en el aeropuerto, así que volví a él temprano. Menos mal, porque el recorrido llevó mucho más del esperado y llegué a lo de los equipajes 19:30, y cerraban a las 20:00. Si llegaba media hora más tarde no sé qué hacía, dejar la mochila y volver sin nada?
Subí al avión tipo 21:30, tenía que salir a las 22, pero salió a las 23. Al llegar a Sao Pablo resulta que el aeropuerto estaba cerrado por niebla, por lo que nos desviaron a Río de Janeiro. Ahí aterrizamos, pero no nos dejaron salir del avión. Luego de que se abrió Sao Pablo, hubo que esperar que terminaran de reabastecer de combustible, y que hubiera autorización para salir ya que el cierre había afectado a un montón de vuelos que ahora estaban congestionando el aeropuerto, hasta que luego de más de 2 horas salimos. Al llegar a Sao Pablo, nos tuvieron un rato más dando vueltas en el aire cual Duro de Matar II, y luego aterrizamos pero no había puerta libre para entrar, así que más espera. Finalmente fueron unas 19 hs de estar en ese maldito avión. Y no termina ahí, porque el vuelo de conexión a Buenos Aires ya se había ido, nos tuvieron sin decirnos nada un par de horas más, hasta que nos reasignaron a otro vuelo, que también salió tarde.
Llegué a Buenos Aires anoche, 27 hs después de haber salido de París. Eso me pasa por venir a países subdesarrollados. :P
Al otro día, jueves 22, con resaca asesina y todo, desayuné, hice el check-out, y me tomé el tren a Praga. Allá me esperaba mi amigo Carlos, que fue una guía Lonely Planet en carne y hueso, haciéndome conocer lo que se podía en un rápìdo vistazo. Tenía sólo unas pocas horas y no pretendía entender un pueblo totalmente diferente, con su lengua, su moneda, y su historia independientes. Me conformo con haber visto el glockspiel similar al de München, pero mucho más humilde (de unos 30 segundos), conocer el castillo al otro lado del río, recorrer sus callecitas pequeñas, casi asfixiantes, ver la casa de Franz Kafka, saber algo de su principal prócer, Karolo Quarto, y principalmente compartir un rato con mi amigo, que no veía hace años.
Carlos me hizo probar distintas cervezas, bebida principal del pueblo checo, que la consume más que el agua. Pero para su indignación, me parecieron medio desabridas, no me gustaron más que algunas de las alemanas. (Ahora que lo pienso, la resaca debe haber afectado mi sentido del gusto!)
A las 3 de la mañana tomé el taxi al aeropuerto, que me costó 1.100 coronas! (unos €40) Me habían dicho alrededor de 760, así que fue un robo. Pero había leído que hasta hace un tiempo los taxistas checos tenían un dispositivo eléctrico para aplicar descargas a los pasajeros que se negaban a pagar sus disparatadas tarifas, así que no me hice mucho el loco y pagué.
Luego del tour me fui al museo de Pérgamo, con el altar de Pérgamo, las puertas del mercado de Mileto, la puerta de Ishtar, y la casa de Alepo, todo muy lindo. Después pasé por la Alexanderplatz y saqué lindas fotos del Fernsehturm, la torre de transmisión símbolo de Berlín Oriental, hundiendo su antena en las nubes.
A partir del tour gratis me enganché en otro tour de la misma empresa, el Pub Crawl, consistente en la visita a 5 bars + clubs, con algo de cerveza y bastante de vodka gratis incluido. Nevaba y yo estaba feliz, primera vez en mi vida que estaba bajo nieve. El recorrido estuvo salvaje, al principio cada uno tenía su vasito tamaño shot, y recibía su trago de vodka prolijamente, luego ya nos poníamos boca arriba esperando el chorro directamente de la botella.
El grupo que hacía el tour estaba con ánimo de fiesta, así que la pasé superbien. Conocí un negro de Dallas que se llamaba Triston, pero no hacía honor a su nombre, y me contó cómo en Alemania se le quedaban mirando, descaradamente, cómo se sabía diferente, y cómo capitalizaba esa diferencia laburando como bailarín y cantante, y ganando con las minitas, que lo avanzaban sin sutilezas. Me contó que cuando llegó a Berlin, 2 alemanas se le acercaron, él les dijo que no hablaba alemán, y ellas le dijeron "ah, no importa, nosotras hablamos inglés", y se lo llevaron de casa en casa sin dejarle ver la luz del sol durante el fin de semana. No muy bueno para conocer turísticamente la ciudad. :P Cuando le conté lo que me había pasado en Hamburgo me dijo que eso pasa, que lo que les importa es que no seas alemán, mientras menos alemán, más excitante para ellos. Por eso la pregunta/confirmación del mozo de si no era alemán, obviamente encargada por la pareja invitadora de cerveza.
También conocí a una inglesa que era muy parecida a una de las minas de Saturday Night Live, pero cuando se lo dije, resultó que jamás había escuchado de tal programa. Mirá vos.
Mucha otra gente también muy copada, muchas invitaciones de tragos de ida y vuelta, y el recorrido por los distintos bares a pata y bajo la nieve, que se prestaba a las batallas de bolas blancas, y se iba quedando con menos gente en cada parada. Ah, en el camino encontramos varias trabajadoras de la calle, todas vestidas con una campera inflable blanca cual uniforme. Para que los lectores de MTO tengan toda la información posible de esta sociedad decadente, a una le pregunté precios, y me dijo que €80 por una sesión incluyendo masajes y no entendí qué más, aunque tampoco hacía falta. No pregunté por el Ort, que habría sido un dato interesante ("Ort" significa "lugar").
La cuestión es que terminé el recorrido completo, no es cuestión de desaprovechar, pero dado vuelta como una media, y a una hora en la que no había subtes ni circulaba el bondi que pasaba por el hotel. Le pregunto a uno cómo ir y me dicen que en taxi. Je, "Zu teuer" (demasiado caro) le digo, y me pongo a recorrer por ahí, hasta que veo un bondi nocturno que iba a Nordbahnhof, una estación que conocía. Lo tomo, me duermo en el camino, pero milagrosamente me despierto casi llegando a tal estación. Me bajo y sabía que estaba lejos, pero al menos sabía dónde estaba, en una parada del colectivo que me llevaba al hotel. Así que me puse a caminar, haciendo el recorrido del colectivo, y caminé, caminé, jugando con la nieve de cuando en cuando, y sin importarme nada. Luego de una hora más o menos, llegué finalmente al hotel y me fui a dormir con una sensación de triunfo.
Miércoles 21, tomé el tour, y si bien estuvo muy interesante, la gallega que lo dio no le llegaba ni a los tlones al negro de München.
Vi el muro, toqué el muro, fotografié el muro, supe más detalles de su historia, cómo se construyó luego de 2 meses de que un vocero oficial de Alemania Oriental dijera que NO se iba a construir ningún muro, conocí algunas historias de cómo se vivía con el muro, y cómo se derrumbó, por error. En realidad sería más exacto decir que la caída se adelantó unos meses debido a un error, pero está bueno pensarlo así: cayó por un genial, gigante, y bendito error. A ver si la puedo hacer breve: la Perestroika de Gorbachov estaba haciendo caer la cortina de hierro en diversos países ex-comunistas, los reclamos del pueblo alemán crecían, y la situación era insostenible, por lo que los gobernantes de la DDR (Deutsche Demokratische Republik, República Democrática Alemana) se reunen para analizar qué hacer. El encargado del anuncio de las medidas a tomar, se va antes de que termine la reunión, y después llega medio tarde a la conferencia de prensa. Llega un mensajero que le da un papel, con los temas que se habían tratado en la reunión luego de su partida, y el tipo se lo guarda en el bolsillo sin leerlo. Empieza la conferencia de prensa, el vocero empieza a enumerar las medidas, todas de una gigantesca irrelevancia, y cuando ya todos se están durmiendo, se acuerda del papelito, lo saca, y lo lee de una, siendo uno de los puntos "se abolirán las restricciones de frontera". Ahí los periodistas se despuertan y un tano pregunta y repregunta "a partir de cuándo?", y el vocero, en un momento que luego explicaría como "un lapsus" responde "las medidas son de efecto inmediato".
De ahí, la gente que aún sin creer lo que acaba de oír, se agolpa en las puertas del muro, los guardias que no saben qué hacer pero que también habían escuchado los anuncios, el superior responsable del muro que está en la ópera de Viena, el intento de dejar pasar sólo a los poquitos que tenían los papeles en regla, el desmadre de todas las puertas desbordadas, con los guardias resignados dejando pasar a todos, y el fin de semana de fiesta poir el comienzo de la reunificación. Unos meses más tarde habría una única Alemania.
En realidad, el papelito tenía los temas tratados, pero no era para leer al aire, eran ideas para implementar meses más adelante.
(Téngase en cuenta que estoy contando lo que recuerdo de lo que escuché en un tour gratis a una gallega no muy diestra que vive en Alemania desde hace sólo 2 años, así que cualquier corrección de alguien que conozca mejor la historia sería bienvenida.)
Qué más vi? El checkpoint Charly, punto de control de la puerta del muro que tenían que atravesar los alemanes para pasar, luego de mucho tramiterío, de un lado al otro de Berlín. Lo reconstruyeron para el turismo y pusieron un museo con las historias de lo que hacía la gente para pasar pese a las prohibiciones. No hice tiempo de visitarlo, pero debe estar bueno. También pasamos por el monumento (de 2005, nuevito) a los judíos muertos durante el holocausto, el lugar donde estaba el bunker de Hitler, el lugar donde se hizo la quema de libros de 1933, que ahora tiene una placa con la frase "allí donde se queman libros, luego se quemarán personas", que escribió un alemán 13 años antes, muy premonitoriamente.
También conocí la historia del Ampelmann, el hombrecito del semáforo. Resulta que los semáforos para peatones de Berlín Oriental tenían un hombrecito con sombrerito, muy simpático, pero cuando se unificó, se estaba homogeneizando todo, así que lo iban a reemplazar por el estándar, como lo tenía Berlín Occidental. Grandes protestas de la gente, movilización general, y el Ampelmann sobrevivió. :)
Al otro día (martes 20) me levanté, desayuné, hice el checkout y me tomé un city tour. "Hamburgo tiene más puentes que Londres, París, y Venecia juntos", es de lo poco que recuerdo que contó el guía, que decía todo en alemán y traducía al inglés un 10%.
El siguiente punto geográfico en mi itinerario era Lübeck, un lugar paradisíaco sobre el mar Báltico, a 45 min en tren desde Hamburg. Pero YA ENTENDÍ, que no estamos en temporada, que los paraísos empiezan a atender en abril, y que era muy probable que me comiera un embole. Así que lo saltée y me fui a Berlin, ciudad para la que ya sabía que no me iba a alcanzar el tiempo (los vuelos baratos que había tomado tienen esa desventaja, a veces no se puede elegir mucho el día, y hay que adecuarse a lo que se encuentre).
Para llegar, el tren demoraba menos, pero el bus era mucho más barato, así que 3:30 hs en bus hasta una estación de lo que había sido Berlin Oriental.
Lo primero que noté es la austeridad de las construcciones soviéticas. Después, me pareció una ciudad gigante. Entendí por qué la argentina que vive en Dachau no cambia Münich por Berlin por nada del mundo, la primera parece una ciudad grande del interior, tipo Córdoba, y Berlín es tipo Buenos Aires.
Claro que después está la historia, y esta ciudad tiene tanta, y se preocupan tanto por ella, por no olvidarla, por ni siquiera permitirse el silencio sobre los errores cometidos.
Volviendo a mí, oficina de info, mapita, y boleto para transportes, pero esta vez no pedí por hostel. A medida que avanzaba el viaje iba disminuyendo mi tolerancia, a compartir cuarto, baño, etc. Y como venía gastando menos de lo temido, pedí por hoteles baratos. En vez de darme sólo direcciones y teléfonos, me mostraron fotos de los que estaban en mi presupuesto, y por €3 me registraron en elegido.
El único problema es que el hotel estaba no muy lejos, pero muy mal ubicado. No pasaba por ahí ninguna línea de subte (y eso que hay muchas), y sólo una línea de colectivos. Encima, el de información me dio unas indicaciones como para enemigo, con combinaciones de subte increíbles, así que tuve que caminar una bocha, con la mochila a cuestas, cuando en realidad, después supe que simplemente podría haber tomado este único colectivo mencionado, que pasaba frente a la oficina de información.
Apenas me ubiqué me fui al Ku'damm, que creo que es lo más cercano a un "centro" que tiene Berlin (el resto está muy disperso), y acá vuelvo al tema de la memoria histórica: En el medio de este centro hay una catedral, que fue parcialmente destruida durante la segunda guerra mundial. En vez de reconstruirla, acá optaron por construir una iglesia nueva, muy moderna, pegada a su lado, y a la semidestruida le pusieron luces y supongo que se debe poder visitar su interior. El contraste es imponente, y el mensaje antibélico claro.
Hice las averiguaciones para tomar el mismo tour gratuito que tomé en Münich, ya que sabía que la empresa que los organiza utiliza este método de promoción en distintas ciudades (de ahí te venden otros tours pagos). Luego comí en un restaurante mexicano algo de carne, pero me resultó horrible. Ya me estaba empezando la nostalgia hogareña. Después, ya cansado, me fui a hacer uso de MI habitación.
Lunes 19, lavé la ropa (ya era hora), hice el checkout, desayuné (moderadamente), interneteé, y me fui con tiempo al aeropuerto. de ahí a Hamburg, que está bien al norte (por €38, aguanten las líneas de vuelos baratos!).
Llego, oficina de información turística, obtengo mi mapita, pido por hostel, voy, me registro, dejo la mochila, y salgo a recorrer.
En el puerto (Hamburgo es la ciudad portuaria por excelencia), tomé un vino caliente que no me gustó (debí haber probado el Grog (?)), y seguí recorriendo. Ahí nomás está St. Pauli, la zona roja de Hamburgo, donde hay shows eróticos de todo tipo, uno al lado del otro, cines, y sex shops enormes. Lo más curioso que vi fue una especie de cinturon que va a la altura del tórax y proporciona al portador un nuevo miembro, en el medio del pecho. Re-gay, por supuesto.
Me tomé un café y luego me decidí a meterme en uno de los shows, con avidez cultural, por supuesto. La concurrencia constaba de grupos y parejas de todas las edades (salvo menore, claro), y el lugar tenía mesas con velas para cenar, que rodeaban al escenario.
El show tenía stripteases y números cómicos en alemán, de los que no entendí absolutamente ningún chiste, pero parece que estaban buenos porque la gente se reía mucho.
Yo ya había terminado mis 2 cervezas (consumición mínima) y de repente llega el mozo con otra cerveza y me pregunta, casi retóricamente, si yo no era de Alemania, le digo que no, que de Buenos Aires, y me dice que aquella pareja (miro y un matrimonio cuarentón me saluda) me invita esta cerveza. Lo primero que pensé fue "cerveza gratis, joya", así que los miré, les hice un gesto de agradecimiento, me vuelven a saludar, y me quedo tomando mi cerveza gratis y mirando el show. Pero después me pongo a pensar en las implicancias de la invitación (medio lento el tipo), y si bien venía abierto a nuevas experiencias, tampoco estaba taan abierto. Arrugué, bah. Así que cual tímida damisela no terminé la cerveza para no dar lugar a nuevas invitaciones, y apenas terminó el show salí casi corriendo.
La pregunta de si no era alemán me sorprendió en el momento, pero después ya casi que la había olvidado. Después la recordé con motivo de una historia que contaré más adelante.
Domingo 18, en el hostel había un desayuno "todo lo que pueda comer por €4", pero debieron haberme cobrado un recargo, porque por ratón comí más de lo que podía, y quedé casi rebalsando, sintiéndome horrible hasta la tarde.
Fui al Deutsches Museum, que es de tecnología. Es realmente zarpado, para graficar la navegación no es que tienen una maqueta de un barco, o una foto, tienen el barco entero. Lo mismo para submarinos, aviones, helicópteros, sondas espaciales, y hasta minería, hay una réplica de una mina para la que se necesita 1 hora de recorrido! (La salteé por falta de tiempo, e indigestión.) Además es muy interactivo, tienen infinidad de conceptos de física, química, óptica, etc, mostrados en modelos en los que uno tiene que presionar botones para ver cómo operan.
Entré a las 9:30 hs y salí tipo 15 hs. busqué donde comer algo, lo hice, y ya eran como las 4. Me hubiera gustado ir a alguno de los museos de pintura, pero todos cierran a las 17 hs. Ahí ya estaba empelotado con los horarios alemanes.
Caminé hasta el jardín inglés, medio triste en esta época, pero que más entrada la primavera debe ser muy lindo (igual me quedo con el Hyde Park). Hay una torre china, muy turística pero más que todo excusa para el típico Biergarten (jardín de cerveza, patio cervecero, bah). Después me metí en un bar y vi al equipo del Pocho Insúa jugar horrible y perder en el último minuto. Van últimos cómodos.
Había previsto lavar ropa e internetear, pero me ganó la fiaca y me dormí tempranísimo.